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El Heraldo Editorial, Seremos capaces?

Los días que faltan para que por las calles de la ciudad empiecen a rodar finalmente los buses del sistema de transporte masivo Transmetro, empezaron su conteo regresivo. Las diferentes etapas del largo proceso de diseño, construcción, preparación y puesta en funcionamiento del Sistema ya entraron en su etapa final. Si todo marcha como está previsto, dentro de pocos meses tendremos, pues, una nueva y moderna forma de movilizarnos en la ciudad.

El Heraldo


 

Directivos de Transmetro reunidos con el director del diario El Heraldo Gustavo Bell en tertulia para la puesta en marcha del sistema el próximo año.

 

No se trata sólo de nuevos y cómodos buses circulando por calles muy bien pavimentadas. Es algo más que eso. Es toda una compleja y extensa red de servicios, coordinada para prestarles a los usuarios un servicio óptimo, seguro, limpio y eficiente de movilización. Cuando estamos, entonces, a tiro de piedra de inaugurar ese servicio, es pertinente adelantar unas cuantas reflexiones sobre lo que ha sido esta obra, que será, sin duda, de gran impacto en la rutina de Barranquilla. Al respecto, es preciso recordar que ese sistema ya ha sido implementado exitosamente en varias ciudades del país. Bogotá fue la primera, a partir de la cual se promovieron en otras capitales dados los excelentes resultados que el Transmilenio tuvo y tiene sobre la calidad de vida de los bogotanos. En efecto, la experiencia en la capital del país ha sido altamente positiva, a tal punto que ha sido adoptada en otras ciudades del mundo. En ella misma, sus rutas se siguen ampliando para darle una mayor cobertura geográfica. La construcción de una obra de las dimensiones que tienen estos sistemas de transporte masivo no es fácil, ni exenta de traumatismos. Por el contrario, requiere una gran movilización de recursos financieros, humanos, materiales y logísticos que ponen a prueba la capacidad de emprendimiento de una ciudad. La fase de construcción exige, así mismo, de una gran dosis de paciencia, tolerancia y comprensión a cargo de la ciudadanía entera, por los inevitables daños colaterales que ella genera y que no siempre son de buen recibo, como es apenas obvio, por quienes los sufren directamente. Los contratiempos que siempre se presentan en obras de estas magnitudes no son pocos, ni simples de resolver. Exigen, igualmente, de una gran capacidad gerencial a cargo de quienes están al frente de ella, algo que se olvida con mucha frecuencia. En lo que hace a la parte logística, demanda también una increíble variedad de destrezas y un recurso humano altamente capacitado que, a su vez, pone a prueba la capacidad de formación de las universidades de la ciudad donde se construye. Como lo anotamos, no es cuestión de buses nuevos, en calles nuevas. Pues bien, todas estas facetas se han presentado en la construcción de Transmetro, y de seguro muchas otras que se nos escapan, pero es preciso reconocer que ellas han sido afrontadas con un alto grado de profesionalismo y competencia por su Administración. Las críticas no han faltado, ni han sido escasas. Pero difícilmente la construcción de Transmetro pudo haber sido diferente a como ha sido. Lo que no se puede negar, es que aún antes de entrar en operación, ya el Transmetro le cambió el perfil paisajístico a las partes de la ciudad por donde rodarán sus buses. Solo basta con ver el corredor visual que se abrió a lo largo de Olaya Herrera, desde la calle 72 hasta el Parque Cultural del Caribe, para percatarnos de ello. En lo que hace a las estaciones, llama la atención la sobriedad y elegancia de sus diseños; como bastante original fue el proceso de escogencia de los nombres que llevarán una vez se inauguren. En resumen, se trata de una gran obra a la que –quizás por el tiempo que ha demandado su construcción– le hemos perdido sus dimensiones, como también todo lo que ha habido detrás de ella para sacarla adelante, lo que habla bien de la capacidad que existe en la ciudad para emprender obras de esas magnitudes. Superado, sin embargo, el reto de la construcción, que recayó en la Gerencia y su equipo, viene ahora el mayor y verdadero reto de Transmetro: el convertirlo en la gran oportunidad para empezar a cambiar la mentalidad colectiva de nuestros habitantes. En otras palabras, el de comenzar al fin, y de una vez por todas, a construir una verdadera cultura ciudadana. Mejor dicho: pasar de pueblo grande a ciudad.

 

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